En las últimas semanas antes de asumir la presidencia, Abelardo de la Espriella protagonizó una silenciosa disputa por definir la nueva cúpula de la Policía Nacional. Lo que en principio parecía una decisión tomada, terminó siendo un reordenamiento en el que el general (r) Alejandro Barrera Peña desplazó al mayor general (r) Luis Enrique Méndez Reina del primer lugar en la carrera por dirigir la institución castrense.

El cambio de ruta en la designación, según reportó la revista Cambio, obedeció a una combinación de factores: un documento anónimo que circuló entre integrantes del gobierno entrante cuestionando a Méndez Reina, seguido de una conversación privada entre el presidente electo y el candidato inicial que sembró dudas sobre su capacidad operativa. Abelardo de la Espriella buscaba un director que combinara liderazgo operativo, experiencia en inteligencia y aptitud para reconstruir una institución que, en su criterio, llega fracturada tras cuatro años de gobiernos anteriores.

El ascenso de Barrera y la fórmula de la nueva cúpula
Barrera, oficial con más de 35 años de experiencia especializado en seguridad territorial, fue escuchado personalmente por De la Espriella. Su propuesta para recuperar la capacidad operativa de la Policía terminó de convencer al mandatario electo. Durante aproximadamente un año dirigió la Dirección de Inteligencia Policial (Dipol), pero su fortaleza principal radica en el mando regional y en cargos de comando en unidades de seguridad ciudadana.
Acompañando a Barrera en la nueva estructura está el mayor general en retiro Norberto Mujica Jaime, quien será subdirector general. Mujica trae consigo la experiencia en inteligencia que la fórmula requería. Durante el gobierno de Iván Duque dirigió la Dipol y participó en operaciones contra organizaciones narcotraficantes y grupos armados ilegales, incluidas investigaciones que contribuyeron a la captura de Dairo Antonio Úsuga David, alias Otoniel. Con su trayectoria en investigación criminal y antinarcóticos, Mujica complementa el perfil operativo de Barrera. Ambos oficiales serán reintegrados al servicio activo a partir del 7 de agosto de 2026, fecha de posesión del nuevo gobierno.

El laberinto de candidatos y la lucha por la Dirección Nacional de Inteligencia
Mientras Barrera acumulaba respaldo, se abría otra disputa igualmente significativa: la designación del director de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI). El mayor general (r) Jaime Agustín Carvajal Villamizar, oficial del Ejército con trayectoria en operaciones como Sodoma y Odiseo, llegó incluso a darse por ganador en reuniones privadas durante la transición, impulsado por el general en retiro Eduardo Zapateiro. Sin embargo, en las últimas semanas esa candidatura perdió momentum. También postulaba Camilo Rojas, exviceministro de Política Criminal y Justicia Restaurativa, quien contaba con más de 13 años en el extinto Departamento Administrativo de Seguridad, pero esa opción también se debilitó.
Tras descartarse varias opciones, Luis Enrique Méndez Reina, quien meses atrás era la principal opción para dirigir la Policía, ha vuelto a figurar entre los mayores candidatos para asumir la DNI, aunque la decisión aún no se ha oficializado. Su trayectoria militar y seguridad lo hacen viable para un cargo que demanda capacidad de anticipar amenazas contra la seguridad nacional y evaluar riesgos estratégicos para el presidente.

El problema de fondo trasciende los nombres y los cargos. El nuevo gobierno heredará un sistema de inteligencia profundamente fracturado por años de conflictos entre agencias, desconfianza mutua y competencia destructiva entre organismos del mismo Estado. Durante el gobierno anterior, la DNI enfrentó controversias que incluyen el paso de Carlos Ramón González, hoy señalado como prófugo en el escándalo de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo, y la gestión de Jorge Lemus, marcada por presuntos contactos con alias Papá Pitufo, desacuerdos con otros organismos y ofrecimientos ilegales en el marco de la Paz Total.
Abelardo de la Espriella revisó personalmente cada hoja de vida y escuchó de primera mano a los aspirantes, un ejercicio inusual que lo llevó a una conclusión clara: la Policía necesitaba una cúpula con capacidad de mezclar mando operativo e inteligencia. El verdadero reto del nuevo gobierno, sin embargo, no se agota en cerrar los nombramientos. La prueba real estará en lograr que la DNI, la inteligencia militar y la Dipol vuelvan a compartir información, recuperen confianza mutua y actúen bajo un propósito único de Estado.