La representación afro en el Congreso de la República enfrenta una nueva controversia. La activista Laura Camila Vargas ha cuestionado públicamente el nombramiento de una persona en la Unidad de Trabajo Legislativo (UTL) del representante a la Cámara por la Circunscripción Especial Afro, Óscar Benavides, argumentando que dicho funcionario no pertenecería a la población afrodescendiente. La polémica, difundida a través de redes sociales, ha reavivado un debate más profundo sobre el propósito de las curules especiales y las responsabilidades políticas que conllevan.
Aunque hasta el momento no se ha documentado una violación legal concreta en el nombramiento, ni existe una decisión de autoridad que declare ilegalidad alguna, el cuestionamiento se ha trasladado al terreno político y de representación étnica. Varios líderes de organizaciones afro consideran que esta situación refleja una contradicción fundamental: las curules especiales fueron creadas para garantizar la participación política de las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, pero el debate actual sugiere que la representación no puede reducirse únicamente a ganar elecciones, sino que debe reflejarse también en la conformación de los equipos de trabajo legislativo.
Para los críticos, la pregunta central no es si el nombramiento incumple una norma formal, sino si quienes acceden a espacios de representación especial deben garantizar que sus equipos reflejen la diversidad y los liderazgos de las comunidades que dicen representar. En redes sociales, activistas y usuarios han manifestado que una curul afro debería fortalecer los liderazgos propios de esas comunidades, no simplemente emplear a personas sin conexión directa con sus procesos étnicos.


Un representante en constante controversia
Benavides, abogado nacido en la vereda Tangarial Carretera de Tumaco, llegó al Congreso derrotando al anterior representante Miguel Polo Polo, quien había sido criticado por su falta de arraigo territorial. Durante su campaña, Benavides impulsó el lema #SaquemosAPoloPolo, argumentando que la representación afro requería de personas con legitimidad territorial y conexión real con las comunidades. Obtuvo más de 125.000 votos durante las elecciones legislativas, consolidándose como una alternativa al modelo de representación basado en la notoriedad en redes sociales y el respaldo de padrinos políticos.
Sin embargo, desde su elección, Benavides ha estado en el centro de varias polémicas. Recientemente protagonizó una confrontación con el Consejo Nacional Electoral (CNE) por la asignación de una segunda curul afro, denunciando públicamente que a su movimiento le habían «robado» esa representación y anunciando acciones judicales. Esa disputa generó un amplio debate nacional sobre la interpretación de las reglas electorales para estas circunscripciones especiales.


Lo que espera la comunidad afro
La controversia actual toca directamente la esencia de lo que significa una curul étnica. Líderes sociales afro esperan una respuesta del congresista nariñense respecto a los cuestionamientos formulados sobre la conformación de su equipo legislativo. El debate crece en redes sociales y entre organizaciones comunitarias, planteando una reflexión más amplia: si la representación especial debe garantizar no solo la ocupación del cargo, sino también la coherencia política y la continuidad de los liderazgos comunitarios en la estructura legislativa.
Para sectores de la comunidad afrodescendiente, la discusión representa una oportunidad para redefinir qué significa realmente ocupar una curul de representación étnica y qué responsabilidades conlleva hacia las poblaciones que la eligieron. Mientras se desarrolla este debate, la figura de Benavides continúa bajo escrutinio, enfrentando preguntas sobre si su promesa de una «representación afro seria, digna y comprometida» se refleja también en la estructura interna de su despacho legislativo.