La Alcaldía de Ipiales reconoció oficialmente el 21 de julio un incremento de casos de Enfermedad Diarreica Aguda (EDA) en el municipio, pero la confirmación llega cuando el comportamiento epidemiológico ya había sido detectado por el Sistema de Vigilancia en Salud Pública (SIVIGILA) y por las Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud (IPS). La tardía comunicación pública sobre una situación sanitaria que ya estaba bajo monitoreo institucional ha generado interrogantes sobre la capacidad de respuesta anticipada de las autoridades municipales.
En su pronunciamiento oficial, la administración municipal confirmó el aumento de casos pero simultáneamente admitió que desconoce las causas que originaron el incremento epidemiológico. Esta contradicción revela una respuesta reactiva: apenas ahora anuncia que iniciarán las investigaciones correspondientes para determinar qué está provocando la propagación de la enfermedad. La información adicional encontrada vincula el brote con problemas de calidad del agua y sanidad, factores que la administración local aún no ha identificado formalmente.
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Un sistema de vigilancia que fue ignorado
Si SIVIGILA y las IPS ya estaban monitoreando permanentemente el comportamiento de la EDA, surge una pregunta inevitable: ¿por qué no se implementaron medidas preventivas antes de que el número de casos creciera? El sistema nacional de vigilancia epidemiológica identificó brotes en Nariño vinculados a contaminación hídrica y transmisión persona a persona, según registros de eventos notificados en 2021. La detección temprana debería haber activado protocolos de control inmediatos, no solo comunicados públicos cuando la situación ya se había propagado.
La reacción institucional apenas ahora incluye operativos de inspección, vigilancia y control sanitario en establecimientos donde se preparan y comercializan alimentos. Estas acciones serán coordinadas por la Secretaría de Gobierno, la Secretaría de Educación, la IPS Municipal, el Instituto Departamental de Salud de Nariño (IDSN) y otras entidades competentes. Sin embargo, la pregunta que persiste en la comunidad es clara: ¿estos controles se estaban realizando con la frecuencia necesaria antes del incremento epidemiológico?
Poblaciones vulnerables y respuesta limitada a autocuidado
Las autoridades identificaron que menores de cinco años, adultos mayores, mujeres gestantes y personas con enfermedades crónicas representan la población con mayor riesgo de sufrir complicaciones por EDA. Recomendaron acudir inmediatamente a servicios de salud ante síntomas como diarrea persistente, vómito continuo, sangre en las heces, fiebre, signos de deshidratación o dolor abdominal intenso. A nivel nacional, el grupo de menores entre 1 y 4 años históricamente presenta el mayor número de casos de enfermedad diarreica aguda, aunque la incidencia más alta se observa en menores de un año.
Más allá de las recomendaciones sobre lavado de manos, consumo de agua segura, preparación adecuada de alimentos y disposición de residuos —medidas básicas que forman parte de cualquier estrategia preventiva—, la comunidad espera respuestas sobre las responsabilidades institucionales que no se cumplieron. Expertos en salud pública coinciden en que el control de brotes de EDA no depende únicamente del comportamiento ciudadano. La vigilancia de la calidad del agua potable, la inspección permanente de expendios de alimentos, el seguimiento sanitario continuo y la detección temprana de focos de contaminación son responsabilidades institucionales determinantes para evitar que este tipo de eventos aumenten.
Mientras avanzan las investigaciones, Ipiales enfrenta un incremento de enfermedad diarreica cuya magnitud y causa aún no han sido explicadas públicamente por la administración municipal. La comunidad aguarda no solo recomendaciones de autocuidado, sino también claridad sobre qué originó el aumento, si existieron fallas en los controles preventivos y qué medidas concretas y verificables adoptarán las autoridades para evitar que la situación continúe agravándose.