La Hermana Yolanda Cerón Delgado no será olvidada jamás

Como un legado para las nuevas generaciones, es el ejemplo de la Hermana, Yolanda Cerón Delgado, en este caso en 247 páginas ilustradas se relata la vida de la líder nariñense que luchó por los derechos de las comunidades afro en nuestro Departamento, el cual el Gobierno Departamental y el Centro Nacional de Memoria Histórica le hicieron un homenaje a través de una biografía.

Para la comisión de la verdad, es un caso representativo por lo que significó su vida, su trabajo y su entrega a estas comunidades del Pacífico por defender sus tierras. Se convirtió en una mártir del territorio que hoy sigue siendo reconocida.

Los investigadores del Centro Nacional de Memoria Histórica contaron cómo después de tres años de recopilar las historias de vida de la hermana se pudieron plasmar en esta publicación. «En Pasto rendimos homenaje a la hermana Yolanda Cerón Delgado, lideresa social, asesinada en Tumaco el 19 de septiembre del 2001 a través de esta publicación de una bibliografía que la hemos titulado, Yolanda Cerón, La Hermana del Pacífico y cuyo origen fue una orden judicial para dignificar su nombre», informó el investigador, Jairo Ortegón.

Se cumplen 20 años

Nadie puede olvidar los hechos que rodearon la muerte de la líder, cuando fue amordazada para siempre, el 19 de septiembre del año 2001, al mediodía, frente a la iglesia La Merced, en Tumaco, para luego ser asesinada. Al cumplirse 20 años de su asesinato, su familia, las comunidades negras por las que dio la vida y sus compañeros de trabajo diario siguen cargando el peso de esa muerte, no solo por la forma como ocurrió, sino por la motivación.

Los asesinos

Guillermo Pérez Alzate, conocido en el tiempo de la guerra como alias Pablo Sevillano, quien comandó el bloque Libertadores del Sur de las Auc, confesó que dio la orden de ejecución, porque la hermana, supuestamente, era colaboradora de la guerrilla del Eln.

Uno de los principales motivos que llevaron a su muerte, era la incomodidad que producía dado que sus últimos 10 años estuvieron enfocados en divulgar y exigir lo plasmado en la Ley 70 de 1993, que les otorga derechos colectivos sobre la tierra a las comunidades negras de la costa pacífica nariñense.

Nación al norte de Nariño

Nació en Arboleda en 1958, se convirtió en bachiller del colegio María Goretti, de Pasto; formó parte de la Compañía de María y se graduó como licenciada en Educación y Ciencias Religiosas de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Dejó la comunidad religiosa y su trabajo como docente de la escuela La Playa, del municipio Francisco Pizarro, para emprender el trabajo social y comunitario con comunidades negras.

Cabe decir que la religiosa se embarcó en una causa peligrosa, pues el conflicto del Pacífico nariñense tiene una evolución marcada por la presencia y disputa de prácticamente todos los actores del conflicto: Farc, Eln, autodefensas y bandas criminales de todo orden, que han llevado a cabo por casi treinta años una violenta disputa por el control de territorios para el afianzamiento de cultivos de uso ilícito y rutas de narcotráfico. Hoy, el territorio sigue siendo estratégico para los actores del conflicto, y la población civil continúa a expensas de la violencia.

En 1995 fue nombrada directora de Pastoral Social del Vicariato Apostólico de Tumaco. Con el pasar de los años, empezó a hacer una serie de denuncias y un trabajo de resistencia comunitaria frente a la ocupación del territorio por parte del bloque Libertadores del Sur de las Auc, el narcotráfico y las empresas del monocultivo de palma, lo que generó amenazas contra ella y otras personas de la Pastoral Social y de las comunidades. Ella decía que no podía abandonar a estas comunidades en la lucha por la tierra, a pesar de que estaba poniendo en riesgo su vida

Lideró una labor de alfabetización de la Constitución y en especial de la ley 70 del 93 que ayudó a las comunidades a comprender cómo eran los procesos y requisitos para lograr titulaciones. “Mi tía era muy terca. Por donde metía la cabeza la sacaba —recuerda su sobrina, Yenyt Narváez Cerón—. Era una mujer valiente, no demostraba miedo, no tenía pelos en la lengua. Solo buscaba que se respetaran los derechos de las comunidades negras e indígenas”.

En este sentido, la familia no conocía de las amenazas —vivían en otros municipios—, pero quienes trabajaban con ella sí. “Fue un momento de miedo, desolación, angustia, paranoia; no sabíamos qué hacer. Me refugié. Otros líderes salieron de la zona o se escondieron porque sabían que sus vidas corrían peligro. Se hizo mucho daño. Un caos total”, recuerda Jáner Castillo, quien trabajó con ella en la Diócesis de Tumaco, desde el año 95 hasta su muerte.

Castillo calcula que al 2019 había cerca de 993.654 hectáreas tituladas. “Para nosotros, la tierra es vida, sustento, contacto con el medioambiente, cultura… Un hombre negro sin tierra no vale nada”, dijo Castillo.

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