Herrerín destapa fisuras en la institución nariñense
El arquero español Iago Herrerín, quien rescindió de mutuo acuerdo su contrato con Deportivo Pasto el pasado 13 de julio, ha generado un profundo malestar en el fútbol colombiano con declaraciones que ponen en evidencia posibles prácticas de amiguismo y una gestión deportiva cuestionable en la institución volcánica. En una entrevista concedida a Castro Punto Radio, el portero de 38 años afirmó que «había decidido jugar la Clausura, pero ha cambiado todo», y cargó contra el club al señalar que «el fútbol es mucho menos profesional que en Europa y el equipo con el que habíamos clasificado para jugar unas finales lo estaban deshaciendo: empezaban a entrar amigos de los propietarios a jugar».
Las palabras de Herrerín, difundidas con fuerza el 24 de julio, no solo justifican su salida anticipada —a seis meses de terminar su vínculo—, sino que ponen en entredicho el funcionamiento interno del club en un momento especialmente delicado. Herrerín había disputado nueve partidos en el Torneo Apertura, período en el que Deportivo Pasto logró clasificar a instancias finales con el aporte defensivo del experimentado guardameta.

Impacto reputacional en plena competencia
Las acusaciones de que «empezaban a entrar amigos de los propietarios a jugar» proyectan una imagen de improvisación y falta de criterios técnicos en el club. En un fútbol colombiano que permanentemente busca consolidar estándares de profesionalismo, estas afirmaciones de un futbolista con trayectoria en Athletic Club, Valencia y ligas europeas resultan especialmente nocivas. Golpean la credibilidad de la directiva, generan desconfianza entre aficionados y patrocinadores, y pueden afectar el ambiente interno del plantel que se prepara para el segundo semestre.
El Volcánico enfrenta ahora un daño reputacional significativo justo cuando arranca el Torneo Clausura 2026. Hasta el momento, la institución se ha limitado a emitir un escueto comunicado oficial en el que agradece el profesionalismo de Herrerín y le desea éxitos, sin responder de fondo a las graves insinuaciones. El silencio institucional, lejos de contener el impacto, amplifica las dudas sobre lo ocurrido tras la clasificación a las finales del Apertura.
Las declaraciones del español no solo explican una baja sensible bajo los tres palos, sino que dejan una herida abierta en la percepción pública del club. La salida anticipada del guardameta confirma que las diferencias fueron estructurales y no meramente personales, lo que sugiere problemas más profundos en la toma de decisiones deportivas de la directiva pastusa.
En un torneo donde la imagen y la estabilidad son fundamentales, Deportivo Pasto deberá trabajar con urgencia para demostrar que las acusaciones de desprofesionalización y amiguismo no corresponden a la realidad de su proyecto. De lo contrario, el costo de estas palabras podría extenderse mucho más allá de la salida de un portero, afectando la confianza de jugadores, inversionistas y seguidores en la dirección del equipo.
