La decisión de Guillermo Villota de no aceptar el cargo de Secretario de Tránsito no pasó desapercibida y mucho menos fue inocente. Detrás del anuncio se reabren viejas polémicas que marcaron su paso por la administración municipal y que aún generan ruido en la opinión pública.
Villota ya ocupó la Secretaría de Tránsito durante la administración del exalcalde Germán Chamorro de la Rosa, un periodo que muchos recuerdan por decisiones controversiales y por el inicio del camino hacia la concesión del Tránsito, un modelo que terminó entregando funciones clave a un operador privado.

El pasado que pesa


Durante su paso por esa cartera, Villota hizo parte del equipo directivo que impulsó y acompañó el proceso de concesión, una figura que fue presentada como modernización, pero que para amplios sectores ciudadanos significó la privatización de un servicio público estratégico.
Años después, ese antecedente sigue siendo uno de los temas más cuestionados en la ciudad: comparendos, patios, grúas y recaudos bajo la lupa, y una ciudadanía que aún reclama mayor control público y transparencia.

Guillermo Villota – Ex Gerente de Empopasto

¿Por qué dijo no?

Fuentes cercanas a la administración señalan que volver a Tránsito implicaba exponerse nuevamente al desgaste político y social, reviviendo una etapa que nunca terminó de ser digerida por la ciudadanía.

Aceptar el cargo habría significado dar explicaciones incómodas y enfrentar críticas que hoy siguen vivas en redes y en la calle.

Un perfil técnico, pero polémico

Villota también fue gerente de Empopasto, cargo desde el cual lideró importantes proyectos de infraestructura y tomó decisiones de alto impacto para la ciudad. Sin embargo, su nombre siempre ha estado ligado a procesos sensibles y de fuerte resistencia ciudadana, lo que habría pesado al momento de declinar la oferta.

Tránsito, otra vez en el limbo

Con la negativa de Villota, la Secretaría de Tránsito vuelve a quedar en el aire, justo cuando Pasto enfrenta serios problemas de movilidad, orden vial y confianza institucional.
La pregunta ahora es si la administración apostará por un cambio real o si insistirá en figuras que representan continuidad y viejas decisiones.

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