Bogotá, 4 de junio de 2026. En uno de los fallos más controvertidos y ridículos de la reciente historia electoral colombiana, la jueza Aura Luz Forero González, del Juzgado 120 Penal Municipal con Función de Conocimiento de Bogotá, ordenó de manera inmediata y provisional al candidato presidencial Abelardo Gabriel de la Espriella y a su movimiento Defensores de la Patria que se abstengan de utilizar, exhibir o asociar la camiseta oficial de la Selección Colombia de Fútbol en cualquier acto de campaña, publicidad, redes sociales o material proselitista.
La decisión, adoptada como medida cautelar dentro de una acción de tutela interpuesta por el ciudadano Wilman Ramiro Bocanegra Calderón, se fundamenta en el supuesto riesgo de vulneración a los derechos a la igualdad, la no discriminación y el derecho a elegir y ser elegido. Según la jueza Forero González, el uso de la icónica camiseta amarilla “desvirtúa el fin para el que fue creada” (el deporte) y convierte un símbolo nacional en “distintivo” de una sola candidatura, estigmatizando a quienes piensan diferente.
Un fallo que huele a censura y extralimitación judicial
Esta medida provisional —que advierte sanciones por desacato— es, sin rodeos, un despropósito. En un país donde la Selección Colombia representa unidad, orgullo patrio y emoción colectiva para millones de colombianos sin importar ideología, una jueza decide que un candidato no puede vestirla porque “afecta la neutralidad electoral”. ¿En serio? La Federación Colombiana de Fútbol ya aclaró que no tiene facultad para prohibir su uso político y que la camiseta es un “ícono de unidad”. Pero la justicia, en su afán regulador, va más allá.El origen de la polémica se remonta a las críticas del candidato Iván Cepeda (Pacto Histórico), quien cuestionó públicamente el uso de la prenda por parte de De la Espriella y pidió a la FCF intervenir. Ahora, una tutela de un particular se convierte en arma judicial para censurar la expresión de un candidato en plena contienda electoral rumbo al 21 de junio.
Reacciones: indignación generalizada y llamados a la desobediencia
La decisión ha desatado un vendaval de rechazos:
- La campaña de Abelardo de la Espriella respondió con contundencia: “La camiseta de Colombia no se censura”. Su abogado, Germán Calderón España, la calificó directamente como una forma de censura inaceptable.
- Juristas como Santiago Trespalacios la tildaron de “insólita”: “A ningún candidato se le puede prohibir usar la camiseta de la Selección Colombia, como tampoco un sombrero vueltiao, una ruana o cualquier símbolo de la identidad cultural colombiana”.
- En redes sociales y sectores de la oposición, la reacción ha sido masiva: miles de usuarios llaman a “ponerse la camiseta” como acto de rebeldía y unidad nacional. Figuras como la exministra Alicia Arango la calificaron de “ridiculez”, mientras otros hablan abiertamente de “delirio judicial” y “judicialización absurda de la política”.
- Desde el lado contrario, algunos defensores de la medida argumentan que protege la neutralidad, pero la inmensa mayoría la ve como un acto de intervencionismo ideológico disfrazado de tutela.
¿Por qué es tan grave esta decisión?
Porque no se trata solo de una camiseta. Se trata de la peligrosa tendencia de ciertos jueces a meterse en lo que los candidatos pueden decir, vestir o simbolizar durante una campaña. En un momento en que Colombia vive una polarización extrema, este tipo de fallos no resuelven nada: solo generan más desconfianza en la justicia, incentivan la percepción de sesgo político y limitan la libertad de expresión que debería ser sagrada en democracia.
La camiseta de la Selección no es propiedad de ningún partido ni de ningún juez. Es de todos los colombianos. Prohibirle a un candidato usarla no protege derechos; los atropella.
Mientras la tutela se resuelve de fondo, la pregunta que queda en el aire es clara: ¿hasta cuándo la justicia seguirá tratando a los símbolos patrios como armas políticas en lugar de dejar que los ciudadanos decidan con su voto?
La historia —y los electores— juzgarán no solo a los candidatos, sino también a quienes desde los estrados intentan regular hasta el color de la camiseta con la que se defiende la patria.
