Noruega sorprendió al mundo del fútbol al eliminar a Brasil 2-1 en los octavos de final del Mundial 2026, disputado en Nueva Jersey. Erling Haaland anotó los dos goles de los nórdicos, mientras que Neymar descontó para la Canarinha en un resultado que pone fin a las aspiraciones del pentacampeón mundial en la competencia.

El resultado representa un hito histórico para Noruega, que nunca había derrotado a Brasil en encuentros previos a pesar de haberse enfrentado en cuatro ocasiones desde 1988. Los registros indican que la única victoria noruega había sido en el Mundial de 1998, cuando ganaron 2-1 con goles de Tore André Flo y Kjetil Rekdal, mientras que Bebeto anotó para Brasil. Noruega, Hungría y Portugal son las únicas selecciones a las que Brasil se ha enfrentado en Mundiales sin lograr al menos una victoria.

El desempeño táctico y la posesión invertida

El equipo dirigido por Carlo Ancelotti apostó por una estrategia vertical que priorizaba la velocidad de Vinicius Júnior sobre la tradicional posesión de balón brasileña. Sin embargo, Noruega tomó el control del partido de manera inesperada, con Odegaard y Berg dominando la circulación del balón mientras que extremos como Nusa y Sorloth rompían líneas defensivas. Haaland, quien tardó media hora en tocar significativamente el balón, se perfil como una amenaza letal en área.

Brasil tuvo su primera oportunidad tras un penal cometido por Wolfe sobre Cunha, pero el arquero noruego Nyland realizó una atajada importante para mantener el cero. Los desajustes defensivos brasileños, similares a los que enfrentaron contra Marruecos en la fase de grupos, permitieron que Noruega mantuviera presión constante sobre Alisson.

Haaland define con frialdad en el segundo tiempo

Aunque ambos equipos bajaron ritmo en el inicio del segundo tiempo, los nórdicos siguieron buscando oportunidades sin refugiarse atrás. Vinicius intentó crear oportunidades de gol para Endrick, mientras que Rayan también tuvo sus momentos, pero Nyland continuó respondiendo con atajadas sólidas. El ingreso de Neymar fue un intento por dar más pausa y creatividad al ataque brasileño, una promesa que no logró concretarse.

Irrespetuosos ante la historia de la Canarinha, los noruegos continuaron atacando por el costado donde Danilo mostró vulnerabilidad. Un centro al área permitió que Haaland remachara de cabeza para abrir el marcador. El ariete del Manchester City, quien hasta ese momento no había sido determinante en el juego, mostró entonces su verdadero poder ofensivo. Vinicius respondió buscando lo que ya no podía conseguir, pero la suerte no favoreció a Brasil y Nyland nuevamente intervino.

En la recta final, con posesión que oscilaba entre ambos equipos, Haaland sentenció el partido con un segundo gol de zurda bajo y potente, selló un contraataque noruego que resultó letal. Neymar anotó el penal de descuento, pero el daño ya estaba hecho. La victoria noruega fue ampliamente justa y ejemplificante: Noruega demostró que el abandono del ADN defensivo brasileño, la primacía de la verticalidad sobre la posesión, cobró un precio muy alto para los pentacampeones.

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