La crisis del agua potable en Ipiales ha generado una ola de protesta ciudadana que se intensifica con cada día que pasa sin soluciones concretas. Habitantes del municipio nariñense denuncian que llevan casi dos años esperando respuestas de la actual administración, mientras la escasez y contaminación del vital líquido afecta especialmente a los barrios ubicados en la parte alta de la ciudad.
El descontento escaló cuando el alcalde anunció que recibiría a los ciudadanos en dependencias del batallón por razones de seguridad, decisión que ha sido cuestionada por los líderes comunitarios. Estos rechazan que el mandatario municipal, quien durante su campaña no requería de aparato de seguridad para interactuar con el pueblo, ahora se niegue a reunirse directamente con los ciudadanos en los espacios públicos.

Un problema que demanda soluciones urgentes
Según información técnica, la solución definitiva para la crisis hídrica en Ipiales requiere la construcción de una nueva bocatoma del acueducto, ya que la existente se encuentra en el municipio de Cumbal. Esta obra demandaría una inversión cercana a los 5.000 millones de pesos e incluiría la extensión de tubería de conducción en una extensión de cinco kilómetros. El gobernador ha señalado que existe disponibilidad de recursos para remodelar las plantas de tratamiento y el sistema de alcantarillado y acueducto, pero ha manifestado que hace falta ejecución de los proyectos.
El alcalde Amílcar Pantoja anunció la ejecución de una importante obra de captación de agua que, según indicó, permitirá cubrir aproximadamente 100 litros por segundo del déficit que actualmente registra el sistema de acueducto. Sin embargo, los ciudadanos reclaman que estos anuncios han sido insuficientes y que falta claridad en los tiempos de ejecución.

Contaminación y desigualdad en el acceso al agua
Los más perjudicados son los habitantes de aproximadamente 20 barrios ubicados en la parte alta de Ipiales. Reportes de integrantes de la veeduría ciudadana indican que no solo sufren por la escasez del agua, sino también por su contaminación. La falta de filtros adecuados ha obligado a muchas familias a abastecerse de agua en botellas y a traer el líquido de otros municipios, incrementando los costos para hogares que ya se encuentran en condiciones de vulnerabilidad.
Los ciudadanos también cuestionan la propuesta del alcalde sobre «despolitizar» la gestión del acueducto. Interpretan esta iniciativa como un intento por ceder contratos de larga duración que beneficiarían intereses particulares en lugar de resolver estructuralmente el problema. El mandatario ha enfatizado que «despolitizar no es privatizar» y que busca apartar la empresa de intereses políticos que, según afirma, han impedido las inversiones necesarias para modernizar la infraestructura.
Desde la ciudadanía se exige la renuncia de quienes tienen responsabilidad en la gestión del acueducto municipal, argumentando que han transcurrido demasiados meses sin que se concreten proyectos. Los líderes comunitarios hacen un llamado a la unidad de todos los barrios, incluyendo el centro de la ciudad, para mantener la presión sobre la administración local y lograr que «el alcalde dé la cara» ante sus gobernados.


